Resuelve diferencias sobre contratos de compra, alquiler o servicios sin llegar a un proceso largo.
Un contrato es un acuerdo que obliga a las partes a cumplir lo que pactaron. Cuando una de ellas no entrega lo acordado, retrasa el pago o cambia las condiciones, aparece un conflicto. La conciliación permite revisar qué se firmó, qué se cumplió y cómo se puede corregir la situación.
En general, los temas patrimoniales son conciliables si se trata de derechos disponibles: es decir, cuando las partes pueden decidir sobre ellos. Por ejemplo, el monto de una deuda o el plazo de una entrega. No son conciliables los asuntos en los que la ley exige la intervención directa de un juez o que afectan a personas que no pueden decidir por sí mismas.
Cada parte presenta su versión de los hechos y el conciliador verifica los documentos. Luego se analizan alternativas: cumplir con lo pendiente, reducir el monto, cambiar plazos o compensar el daño. Si las partes llegan a un punto en común, el acuerdo se redacta de forma clara y específica.
El acta describe el contrato de origen, las obligaciones que asume cada parte, los plazos y las consecuencias si se incumple. Un acta bien redactada evita nuevas discusiones, por eso dedicamos tiempo a revisarla contigo antes de que la firmes.
El tiempo depende de la complejidad del contrato y de la disponibilidad de las partes. El costo referencial se confirma en consulta, de acuerdo con el valor involucrado y el número de sesiones.
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